El regreso de la Condesa: Una entrevista imposible con Emilia Pardo Bazán
Ficción realista: Una entrevista construida a partir del ideario, cartas y ensayos de la autora
Por: Olivier Rodríguez
Si Emilia Pardo Bazán (1851-1921) cruzara hoy el umbral del siglo XXI, no se desmayaría por el ruido de los coches ni se escandalizaría por la vestimenta moderna. Al contrario: se ajustaría los lentes, exigiría un café cargado y pediría que le explicaran, paso a paso, cómo funciona ese pequeño objeto rectangular que llevamos en el bolsillo.
La célebre autora de Los pazos de Ulloa, la mujer que introdujo el naturalismo en España, la periodista que fundó su propia revista (Nuevo Teatro Crítico) y la eterna aspirante a un sillón en la Real Academia Española —que le fue negado tres veces solo por ser mujer— llega a nuestro presente. Nos sentamos con ella para descubrir qué piensa de nuestro mundo.
Doña Emilia, usted que luchó tanto por la educación y la emancipación de las mujeres, ¿qué siente al ver el mundo actual?
(Sonríe con orgullo, aunque con un toque de ironía) Siento que, por fin, el sentido común ha empezado a reinar. Ver a las mujeres en las universidades, presidiendo tribunales, dirigiendo periódicos y gobernando naciones es la consumación de lo que siempre defendí: que la aptitud no tiene sexo. En mi época, decían que el cerebro de la mujer se desgastaba si estudiaba ciencias. ¡Qué soberana estupidez!
Sin embargo, observo que la brecha no ha desaparecido del todo. Me consta que siguen existiendo techos de cristal y debates sobre la conciliación. En mi tiempo, yo me divorcié de facto y gestioné mi patrimonio porque entendí que la independencia económica es la madre de todas las libertades. A las mujeres de hoy les diría: no den nada por sentado. La libertad es un jardín que se riega todos los días.
Hablemos de literatura. Usted fue la gran defensora del Naturalismo, esa corriente que retrataba la realidad con la precisión de un bisturí científico. ¿Cómo ve la literatura contemporánea?
El Naturalismo buscaba la verdad, por cruda que fuera. Hoy veo que la novela ha derivado hacia una fragmentación absoluta. Me fascina la autoficción; en mis crónicas de viaje ya combinaba lo personal con la observación social, así que lo entiendo perfectamente.
Pero les haré una crítica: echo de menos la ambición de las grandes catedrales narrativas. Hoy se escribe mucho sobre el "yo" y a veces se olvida el "nosotros". Además, me alarma la prisa. La literatura requiere cocción lenta. Veo a autores obsesionados con las ventas de la primera semana o con los "seguidores" en esas redes suyas. El éxito literario no es un algoritmo; es la capacidad de sacudir el alma humana.
¿Y el cine? Usted que vio nacer los primeros balbuceos del cinematógrafo de los hermanos Lumière...
(Se le iluminan los ojos) ¡Ah, el cine! Es la evolución natural de la novela decimonónica. Si yo viviera hoy, no me cabe duda de que escribiría guiones cinematográficos o esas "series de televisión" que devoran ustedes en sus pantallas. El cine es el Naturalismo definitivo: luz, color, psicología visual, la realidad capturada en movimiento.
He visto algunas de sus películas y me asombra el despliegue técnico. Sin embargo, a veces el efecto especial devora a la historia. Se lo dice alguien que amaba el teatro: si no hay un buen conflicto humano detrás, toda esa pirotecnia visual no es más que humo.
Pasemos a las nuevas tecnologías. ¿Qué piensa una mujer que escribía a pluma y editaba su propia revista al ver Internet, las redes sociales y la Inteligencia Artificial?
Para mí, el progreso técnico siempre fue una bendición. Fui de las primeras en usar la máquina de escribir en España y me encantaba el automóvil. Internet me parece la biblioteca de Alejandría al alcance de un dedo; la democratización absoluta del saber que tanto ansiaba el Krausismo en mi juventud.
Ahora bien, la Inteligencia Artificial... (Se queda pensativa) Es un artilugio fascinante. He pedido que me muestren cómo escribe un soneto al estilo de Pardo Bazán y debo admitir que la métrica es perfecta. Pero carece de "sangre". La IA es un espejo de lo que ya hemos escrito; es estadística, no intuición. No le temo a la máquina que escribe, temo al ser humano que deja de pensar porque la máquina lo hace por él. La tecnología debe ser nuestra esclava, no nuestra tutora.
Para terminar, Doña Emilia, ¿qué le parece nuestro modo de vida actual?
Viven ustedes en un estado de estimulación perpetua, una especie de neurastenia colectiva. Tienen más herramientas que nunca para comunicarse, pero me temo que están más solos. Se ha perdido el arte de la sobremesa, de la discusión epistolar pausada, del debate intelectual donde se respeta al adversario.
Pero no se confundan, no soy una anciana nostálgica. Su mundo es más justo, más limpio y más libre que el mío. Ojalá yo hubiera tenido su salud, sus viajes en avión y su libertad. Aprovechen este siglo, dejen de mirar tanto las pantallas y miren más a los ojos de quienes tienen enfrente. Y, por favor... ¡lean más!
"No puede haber dos morales: una para el hombre y otra para la mujer. O la moral es una, o no hay ninguna". — Emilia Pardo Bazán.
"Si cambias a mejor, habrás mejorado una parte del mundo que es, en sí misma, muy importante."
— OLIVIER RODRIGUEZ
Creador de Optimismo Real
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